Archivo | octubre, 2011

El día de difuntos

31 Oct

Este es mi primer día de difuntos.

Vamos, que no es que tenga un año, es que este es el primer año que en vez de andar disfrazado por las calles de mi ciudad haciendo el capullo con mis amigos, he emigrado al pueblo para rendir homenaje a mis “ancestros”.

La verdad es que no me hace mucha gracia ese rollo: ir al cementerio y ponerme delante de la tumba de mi abuelo…

Siempre me hace recordar momentos tensos y tristes en mi familia y el momento se convierte en algo tenso y triste.

A ver, no soy un insensible, ¡para nada! Yo quería a mi abuelo como el que más. Simplemente es que ya no está y yo no encuentro
consuelo en ir a dejarle unas flores o murmurarle oraciones.

Así que aquí estoy, en un pueblucho perdido, esperando a que llegue el momento de ir al camposanto de marras para ver cómo todo el mundo se pone triste y cómo yo también me pongo triste.

Esas son las cosas que me amargan la vida. Porque contra la muerte no se puede hacer nada.

Mis amigos no dejan de mandarme mensajes por el whassap para contarme cómo se van a disfrazar, qué van a hacer y dónde van a ir… Y a continuación vienen los “Jo tío, ¡qué pena que no puedas venir!”. Eso no ayuda a que yo esté de mejor humor.

Lo único bueno de estar aquí esque, como no hay nada mejor que hacer, puedo dedicarme a dormir todo lo que quiera.

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Mi padre está un poco raro estos días. El lugar en el que me
encuentro fue donde nació y pasó sus primeros año de vida… Y donde se crió su padre que falleció hace algo más de un año.
A mi padre no le gustan nada las costumbres rurales pero sin embargo, para esto de honrar a los muertos si es conservador.

Ayer a mediodía, al volver a casa, pasamos por delante del cementerio y mi padre murmuro: -Hay demasiada gente-.

Yo intrigado le pregunté qué era lo que esperaba dadas las fechas y que por qué creía que había demasiada gente.

No me respondió. Siguió con la mirada perdida unos instantes y cuando volvió a dirigirme la palabra fue para cambiar de tema.

A mí eso no me dio muy buen rollo.

He de admitir que lo paranormal no me asusta, pero le tengo respeto.

Nunca me han gustado los juegos chungos de meterse en casas abandonadas, jugar a la ouija  -o güija,
como lo queráis llamar-, las visitas nocturnas al cementerio… Por lo que pudiera pasar.

La verdad es que el comentario de mi padre me dejó intrigado y le volví a preguntar horas más tarde pero lo
único que conseguí fue que se le oscureciera el semblante y negase con la cabeza.

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Cuando era pequeño venía aquí todos los veranos, por lo menos un mes. De esas visitas yo acabe trabando amistades que aún conservaba.

Al ver el comportamiento extraño de mi padre, decidí recurrir a la sabiduría popular y decidí buscar a Timoteo, Teo para los amigos, para ver si podía explicarme algo que estuviera relacionado con el comportamiento de mi padre.

Teo trabajaba en uno de los bares de aquella aldea, jugábamos al fútbol en el parque que quedaba detrás de la iglesia. Más tarde nos acompañamos mutuamente en nuestras primeras cogorzas, peleas varias y en nuestros “líos de faldas”, vamos, nos conocíamos bien.

Al entrar en el bar, Teo me reconoció y me dijo: – Mírale, ¡el señorito de la capital! ¡Yo creí que ya no volvías por aquí!

Típico de Teo. Los años habían pasado pero sus costumbres eran las mismas: lápiz apoyado en la oreja para anotar pedidos y palillo para mascarlo en la boca.

Después de saludarnos, le conté a Teo la historia del incidente con mi padre.

Lo más sorprendente es que a Teo no le extrañó lo más mínimo, es más, también se alarmó.

Ante esta reacción yo empecé a pensar que el mundo se había vuelto loco y por lo menos quería saber por qué.

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A ver, Teo, ¡céntrate! Dime qué pasa, ¿por qué es tan importante que haya o no gente en el cementerio?

Entonces Teo me dijo: – Siéntate, que saco dos cervezas y te cuento.

Por lo visto la historia era que, según las malas lenguas –o buenas, el caso es que seguro que eran lenguas cotillas que difundieron el rumor por todo el pueblo -, las noches del 31 de octubre al 1 de noviembre y del 1 de noviembre al 2 de noviembre, las almas de los difuntos del pueblo vagaban por los sueños de sus seres queridos. El problema es que si el cementerio está muy concurrido,
las almas se desconciertan o se asustan y deciden no salir o incluso se equivocan.

A mí se me quedó cara de tonto.  Y aunque no lo entendí supuse queesta historia era algo así como los temas del karma, la buena suerte y la ley de Murphy así que, simplemente, seguí hablando con Teo de nuestras cosas y tras ponernos al día me marché a casa.

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Hoy es 31 de octubre. No sé si creerme la historia. El caso es que prefiero pensar que es cierta, no vaya a ser que por no creérmela mi abuelo pase de venir a verme.

La verdad es que me encantaría saber si hay vida después de la muerte y si el cementerio es como la canción esa de Mecano…

Ya veremos si se aparece o no en mis sueños o si por el contrario le ha despistado la gente.

Equilibrio

29 Oct

“Equilibrio, equilibrio”.

En lo alto de la carpa la funambulista se prepara para llevar a cabo su número.

“Equilibrio, equilibrio”,

Esta palabra se convierte en un mantra para ella, la repite una y otra vez creyendo en el poder de las palabras, balanceándose entre las sílabas de aquello que le hace falta.

“Equilibrio”. Las maletas ya están hechas y esta todo preparado para su viaje.

Todo está preparado menos ella.

Se va extinguiendo su espíritu aventurero. Se le olvidan las bondades que le rodean. Se desenamora de lo que un día le atrajo. Se evapora la magia.

Al llegar al otro lado, desciende por la escalera sin prestar demasiada atención. Es un movimiento automático que suele estar envuelto por aplausos pero en ese momento sólo le envuelve el silencio.

Los focos se apagan sumiéndole en la oscuridad. En la mitad de la pista,  cuando ya no queda nadie, la funambulista piensa en el último espectáculo. Piensa que, tal vez, hubiera debido arriesgar más, que todo pasó muy rápido.

Y en un ataque de sinceridad con ella misma, se da cuenta de que se siente igual de insegura sobre la arena batida, sobre tierra firme que sobre la cuerda floja.

“Equilibrio, equilibrio”

El último suspiro del verano

24 Oct

¿Cómo convertir en poesía

las palabras que salen de mis labios?

Tienen un punto gris de sabor amargo,

te llevan y se van despacio.

¿Cómo transformar mil emociones,

plasmar los sentimientos en papel?

He dejado revueltos los cajones,

cogí mi ropa para no volver.

El aire es frío a mi alrededor,

el viento sopla, juega traidor,

el tiempo me recuerda a ti,

la música no suena, no suena.

No me consuela el silencio,

no encuentro nada que me haga feliz,

yo no soy yo sin melodía

sin las notas y sin su matiz.

¿Cómo dibujar la fantasía,

los paisajes que veo con mis ojos?

Son tantos los colores que he inventado

que los que encuentro me parecen pocos.

Y cómo explicarte lo que siento

si realmente, ni yo misma se

si prefiero quedarme o marchar lejos,

abrazarte o echar a correr

¿Cómo convertir en poesía

las palabras que brotan de mis labios?

Si ya nada me inspira si se ha escapado

el último suspiro del verano.

Malentendidos

18 Oct

No es mi culpa que no me entiendas pero me siento culpable cuando
no lo haces aunque sepa que tampoco es fallo tuyo.

Tampoco es tu problema no saber ponerte en mi lugar, lo sé y
lo acepto aunque no me duela menos por ello.

Intentas cambiar mis opiniones sabiendo que no se puede, sabiendo
que discutir conmigo en estos términos es como chocar contra la pared una y
otra vez, una y otra vez como en un vals con compás tres por cuatro.

Porque yo lo he vivido. Porque nunca nadie podrá sentir como
yo siento. Porque necesito controlar lo incontrolable y esa es una necesidad de
la que la gente prescinde porque, es necesario aprender en esta vida que, hay
muchas, muchísimas cosas que se nos escapan de las manos.

Yo lo entiendo pero no lo asumo. Me niego a no poder tomar
las riendas de mi vida que se ve obligada a ser modificada por “las aventuras y
desventuras del destino”.

Unos dicen que la suerte se posee como si fuese un don
natural, otros que se busca; Yo no sé qué teoría refleja la verdad de la suerte
pero creo en construir mi propio futuro y cuando veo que las piezas que he
encargado no llegan, que lo que me ofrecen no es lo que he pedido o incluso que
el material es defectuoso no lo encajo bien.

Son golpes bajos en un combate no reglado en el que todo
vale, no hay quejas posibles, es lo que hay.

Sé que al final todo se arregla con tiempo y paciencia –esas
cosas que tanto me sobran- porque yo nunca dejo de luchar, incluso con las
causas perdidas me cuesta darme por vencida.

Pero mi tiempo es mío y sólo yo debería tener el poder y la
potestad de usarlo a mi antojo.

Sin embargo se me escurre como lágrimas por mis mejillas.

Años tras año, mes tras mes, día a día.

Por eso me extraña tanto que a pesar del paso del tiempo aún
no hayas aprendido que en estos casos no necesito más reproches. De hecho sólo
necesito que me escuches y que me des la razón como a los tontos –porque seguro
que tú, que no has habitado bajo mi piel, no eres de ese parecer-.

Si te opones a mí lo único que encontrarás será una
adolescente enrabietada con el sentimiento de ser además una chiquilla
incomprendida.

Mi condena

17 Oct

Te echo de menos y entonces me vuelvo ceniza cuando sopla el aire.

Te quiero en la distancia pero cuando estás cerca procuro distraerme para no encadenarme a tus brazos.

Cada cual con su historia. Y luego dicen que todos tenemos lo que nos merecemos.

Tú eres mi condena. Porque por mucho que quiera dirigir mi mirada hacia otros derroteros, siempre acabas cruzado en mi camino.

Nos cruzamos, me envenenas y me debilitas y me dejas pensando en el tiempo en el que sólo pensarte me cambiaba la vida.

Me haces infinitamente frágil, me torno alas de mariposa, estatua de cristal, pompa de jabón, sonrisa de conformidad.

¿Qué tendrás? ¿Qué tendrás que no soy capaz, ni puedo cambiarte, ni sustituirte cuando sube la marea de mis pesadillas?

¿Qué tendrás que a pesar de ser mi yugo, a pesar del dolor que me aflige no puedo alejarme de tu sombra?

¿Qué tendrás que siempre me acaba invadiendo la rabia, forcejeo, me quejo, suspiro y suplico pero no quiero que te marches?

Me da miedo darme cuenta un día de que, lo que tanto me atrajo de tí, fue que eras mi reflejo.

Diente de león

13 Oct

Recuerdo que, en cierta ocasión, paseando por una ciudad extraña, al llegar a un prado encontré un diente de león.

Los dientes de león siempre me han gustado, no sabría explicar bien por qué; de pequeña jugaba a soplarlos para ver cómo se desprendían sus pétalos que más tarde, tras ser impulsadas por mi aliento aliado al viento, caerían en algún lugar. Con suerte sus semillas llegarían a convertirse en dientes de león algún día de la siguiente primavera.

Recuerdo que hubo uno entre ellos que me llamó la atención, lo cogí entre mis dedos, corté su tallo y soplé…

Y fue entonces cuando la persona que tenía al lado ató cabos y vió en mi acción una metáfora:

<<El amor es tan frágil como un diente de león. Puede que todo vaya bien pero basta que un día sople el viento más fuerte o alguien decida arrancarlo y soplar para que se desvanezca.>>

Le devolví una mirada triste y respondí:

<<Tal vez ese era su destino>>.

Pero no pude evitar sentirme culpable por haber desbaratado tantos dientes de león a lo largo de mi vida. Aunque ese fuera su destino.

fleur

Questions

12 Oct

¿Qué? ¿Qué esperas de mí?

¿Qué quieres decir?

¿A dónde quieres llegar?

 

¿Qué? ¿He entendido bien?

No sé que opinar,

Me cuesta ver si es real.

 

¿Qué quieres que te diga?

¿Qué quieres que te escriba?

Ya sabes bien lo que ahora puedo pensar.

Comprendo lo que implica

La química y la física.

Por mucho que me duela

No lo puedo cambiar.

 

¿Qué? ¿Qué esperas de mí?

¿Qué quieres decir?

¿Para qué disimular?

 

Si, lo he entendido bien,

Sé que no está mal

Y no puedo ser neutral

 

No me pidas que no anticipe,

Sabes que no puedo frenar.

Cada uno de mis silencios

Dice más de lo que puedo gritar.

 

Sólo tú moldeas tu vida

Y no sabes cómo va a cambiar

Pero el lazo de nuestra historia,

Se deshace o se anuda a la par