Archivo | diciembre, 2011

De perfumes y recuerdos efímeros

12 Dic

-¿Me das un abrazo?-

La pregunta me pilla de sorpresa pero respondo con un “sí, claro, cómo no”.

Hace mucho tiempo que no nos vemos pero me gusta saber que aún nos entendemos con una mirada.

Mientras nos abrazamos su perfume deleita mi olfato. Y me encanta su abrigo rojo.

Como hay confianza se lo digo y ella sonríe y responde con un tímido “gracias” acompañado de una de sus sinceras sonrisas.

–          Te has afeitado, estás raro, ¿es alguna promesa?-.

Me hace gracia su comentario, Paula siempre tan espontánea…

-No Paula, simplemente me apetecía, además a Maite le gusta-.

Maite sonríe a mi lado y asiente mientras conversa con otro de nuestros amigos.

-Hacía mucho que no nos veíamos, te he echado de menos- . Mientras Paula articulaba la frase iba borrando su sonrisa.

– Lo sé, pero si te consuela, no me ha visto nadie-.  Y no sé bien por qué lo estoy diciendo porque sé que a Paula eso no la consuela en absoluto…

Paula se excusa y se marcha porque a la mañana siguiente tiene que trabajar.

Yo me marcho del brazo de Maite, paseando.

Cuando llego a casa el perfume de Paula sigue en mi sistema olfativo y antes de dormir recuerdo la última vez que nos vimos:

Cenamos en casa de Maite y después de la cena me puse a  tocar la guitarra. Paula y yo compartíamos gustos musicales y antes de empezar mi relación con Maite, ella era mi acompañante en los conciertos.

No sé por qué, empecé a cantar e instintivamente, levanté la cabeza y miré al frente mientras las palabras que salían de mis labios eran las siguientes: “necesito un amor que no cueste trabajo para seguir de pie”.

Me refleje en los ojos de Paula y no pude acallar el mensaje subliminal que acababa de confesar, un mensaje que nunca fui capaz de desmentirle.

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La elección

11 Dic

Le sobresaltó el cambio de presión en la cama.

Abrió los ojos y esbozó una sonrisa al ver a la gata a su lado.

Mindy era una gata muy bonita, negra con manchas blancas.

Hacía una semana que vagaba por su casa y ya se había apropiado de ella.

Y Claire, Claire era una estudiante de bellas artes recién independizada en aquel modesto estudio situado en el centro de la ciudad.

Cuando Amel le pidió que cuidase a su mascota durante los 15 días que se marchaba de vacaciones a Suiza no dudo demasiado, aceptó de buena gana la compañía de un ser vivo en casa, estaba segura de que al menos le daría más “juego” que su sombra.

Amel llegó con Mindy aquella misma tarde a pesar de que su avión salía al día siguiente. Claire esperaba que su compañero llevase a la gata en un transportín pero la llevaba en brazos y eso la sorprendió.

Mindy se dejaba hacer y Claire se sentía acompañada simplemente con saber de su presencia.

Mientras Claire se desperezaba con la gata observándola desde su costado, recordó que alguien le dijo una vez:

Tú eliges a tu mascota pero eso no significa que ella te elija.

Claire acarició el lomo de Mindy y se levantó con una sonrisa, sintiéndose elegida.