Archivo | enero, 2012

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16 Ene

–          ¡Quiéreme!, ¡Quiéreme!

Aquella figurita de acción inanimada esperaba en el estante viendo a los niños pasar.

El envase estaba impecable; había tenido suerte, la caja en la que había sido empaquetada junto a más figuritas de acción como ella no había sufrido ningún percance. Ni golpes, ni las inclemencias del tiempo.

–          ¡Quiéreme!, ¡Quiéreme!

Lo repetía mentalmente, ¡y eso que no era una muñeca con frases grabadas de esas de las que se tira del cordel que se encuentra en su espalda y con voz pastosa repiten una y otra vez el mismo discurso!

Pero era su mayor deseo.

Ser de alguien.

Tener dueño.

Hacerle sonreír.

Y sentirse querida.

–          Quiéremmmmmmmmm

No, tampoco sería en aquella ocasión. La figurita de acción inanimada quedo oculta por un montón de envases.

Lo que la figurita de acción inanimada no sabía era que, contra todo pronóstico, cuanto más tiempo pasaba más valor adquiría.