Archivo | noviembre, 2012

Happy pills

28 Nov

Recuerdo aquel día en el que escuchando la canción de Gotye comenté que me gustaba y que podría cantar la versión que hacía con Kimbra a dos voces con un amigo. Como estábamos en un sitio con mucho ruido tú sólo llegaste a oír que se la cantaría a alguien a lo que yo respondí espantada con un no rotundo. Es una lástima que a día de hoy la escuche y me recuerde a aquello que solíamos ser porque we were somebody that we used to know… Y la verdad es que la radio no me ayuda demasiado, ni ningún sitio en el que se emita música ya que, la canción suena con bastante frecuencia dada su fama. Los Dj’s no tardaron en hacer sus propias mezclas.

Hace dos noches mi subconsciente montó su propia versión del videoclip.

Estábamos en un ring iluminado con focos. No se veía nada alrededor. Nuestros cuerpos estaban pintados totalmente al igual que los de los cantantes al final del video. Parecía el preámbulo a un combate de boxeo. De repente, de no sé muy bien dónde, aparecía un árbitro que nos daba la señal y empezábamos a borrarnos la pintura. Podría haber sido, incluso, hasta bonito pero nuestra forma de quitarnos el color de la piel era a hostias. A hostia limpia. Y era curioso porque por cada ofensiva, por cada golpe, nos decíamos, amargamente, verdaderas preciosidades.

No sé en qué momento mi yo del sueño habría creído que era buena idea enfrentarme a ti sabiendo de antemano que iba a perder. Era evidente que no era justo. Pero debe ser que hasta en mi inconsciente queda reflejada mi cabezonería habitual.

El caso es que cuando yo ya estaba a punto de desfallecer en el combate, en la vida real debía de encontrarme en estado de duermevela y es que aún recuerdo la última frase que conseguí lanzar al aire en un último suspiro antes de caer desplomada a tus pies bajo tus golpes…: – Muerdo el agua por ti.-.

También recuerdo que, después del fundido en negro, aparecí postrada en una cama. Era una sala de recuperación en la que las paredes eran de color rosa pálido, llena de cojines blancos rodeando la cama, con una alfombra de pelo de idéntico color. Y como no podía ser de otro modo, mi recuperación consistía en grandes dosis de música nueva – de esa que me gusta porque aún no me recuerda a nadie-.

Cuando me desperté en mi cuarto, de vuelta a la realidad de aquel jueves otoñal, en la radio sonaba una canción que yo ya había escuchado en la “sala de recuperación” era, sin ir más lejos, la primera canción que me había recetado la Musicóloga

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A little bit odd

8 Nov

Regresar con lo puesto, aún sin apostar

Jugarte en cada paso la integridad.

Andar de frente por mucho que nos duela no gritar

Lo que llevas tatuado, parte de tu identidad.

Y te das cuenta de repente. Quizá jamás fue suficiente.