Archivo | febrero, 2013

La maldición

27 Feb

“Poseo la cadera que jamás parirá a tus vástagos, los senos que te envenenaron, la cintura en la que no reposarán tus brazos y la mirada que arrasará cada uno de tus campos.

Soy el verbo maldito que desordenará tus sentencias. el fuego que abrasa pero no calienta. El agua que al beber nunca sacia.

Yo te maldigo así.

Que el tiempo pase por ti mil y un veces a la hora del tormento. Que la felicidad no la alcances ni si quiera un momento. Que tu compañera más fiel sea la soledad por escoltado que te encuentres. Que te pierdas de nuevo al llegar a tu destino. Que las estrellas nunca brillen en tu noche oscura. Que no haya para ti descanso eterno.”

Las palabras se fueron perdiendo en el silencio y la imagen se desdibujó. Fue entonces cuando más se asustó porque no sabía si aquello lo había soñado o lo acababa de vivir.

Con el primer albor abandono su lecho inquieto. Su esposa, que había pasado la noche escuchándole gemir se apresuró hasta darle alcance.

– ¿Quién es?

+ ¿Quién es quién?

– ¡Ella! ¡Esa mujer!

+ ¿Qué mujer, Ana, qué dices?

– ¡Llevas gimiendo su nombre toda la noche! ¿Quién es Bárbara?

Su sangre se heló. Era Bárbara la que protagonizaba su sueño. Estaba maldito. Ella le advirtió que ocurriría.

– “Todo tiene un precio” – Él no le había dado importancia.

Antes de que él se retirase sin volver la vista atrás, Bárbara le había gritado en su desnudez:- A veces las palabras no sirven-. Pero la frase fue acunada por el viento. Aquella mujer pactaba con el demonio, no convenía escuchar.

No sabía por qué se había encaprichado con ella; Él, que lo tenía todo, tuvo que hacerla suya y marcar su cuerpo.

Ana empezó a llorar: -¿ Quién es? ¿Qué has hecho?

El joven se vio incapaz de darle una respuesta. Afligido, cogió las manos de su esposa, las besó, le acarició la mejilla y partió.

No podía cambiar el pasado y no quería compartir con nadie su suerte.

Dicen las malas lenguas que, en las noches más oscuras, a veces se le ve vagar en los alrededores, esperando que, algún día, cambie su destino.

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At the end of the day

11 Feb

Al final del día todo es oscuridad. Y las noches de luna llena la negritud cubre la totalidad del universo. La situación se complica en los días fríos de invierno en los que el crepúsculo arrasa con el calor residual restante. Las sonrisas se congelan. La bondad se esfuma si es que en algún maltrecho callejón aún quedaba algo.
Al final del día aparecen los pensamientos más oscuros; los pecados, los remordimientos se cuelan en cada recoveco, en cada rendija, en cada poro.
Al final del día la rabia la envidia y la ira se pasean por las mentes más débiles y las no tan fuertes. La tasa de felicidad desciende en todos los hogares. La desdicha se convierte en almohada.
Al final del día los gatos maúllan y bufan buscando su sitio. Saltan por los tejados recorriendo la ciudad. Lo fresco se mustia y lo bello se marchita.
Al final del día la esperanza se marcha en un vuelo irregular: como un ave lisiada y frágil bamboleada por las corrientes de aire cambiantes. Parece que en cualquier momento se estrellará. Nadie sabe con certeza si el viaje es con vuelta o si es una huida.
Hoy es noche de luna nueva y no podría estar más a oscuras.
– Hay cosas que es mejor dejarlas morir- , aunque eso signifique que también tú irás muriendo lentamente.