Archivo | abril, 2013

Okaerinasai‏

26 Abr

Hace mucho tiempo me escribiste que Okaerinasai‏ era algo así como “bienvenido” en japonés. Resulta curioso leerlo ahora, dejar que se cuele en mis recuerdos y en mi memoria.
Las cosas escritas tienen el poder de reaparecer y me pregunto, aquí y ahora, si las cosas podrían haber sido distintas para nosotros. También me pregunto si al salir debí haberte dejado “atada en corto” –más que nada por si algún día como hoy, me daba por quererte de vuelta-.
El tiempo pasado es mentira. Pero cuando leo aquellas cartas que nos escribíamos, cuando recuerdo que lo que sentía por ti era verdadero y me doy cuenta de que ya no es nada, duele de verdad.
Hay heridas que tardan en cicatrizar y otras que no desaparecen nunca. Cicatrizan pero dejan huella, se quedan tatuadas en nuestra memoria, en nuestra piel, en nuestra rutina.
La herida que se abrió para dejarte vía libre hacia el olvido la curé con mucho cuidado… Probé con todo, incluso cambiar de ambiente y de compañías; ingenuo de mí, creí que serviría. Pero de nada sirve todo ese esfuerzo en los momentos en los que reaparece tu recordatorio y me doy cuenta de lo tarde que se nos ha hecho, de lo profunda que fue la brecha.
Hay cosas que no se pueden cambiar, que un día cogen un rumbo y al perder el timón quedan a la merced de la casualidad y la causalidad.
Y en medio de esta vorágine que me azota sin piedad, sólo me queda pensar en un “Itte rasshai” como despedida, dejando la puerta abierta, por si algún día decides regresar.

Sentencia proclamada

16 Abr

El marco de la puerta
ha bloqueado la salida
y deja traspapelada
otra estancia de mi vida

No existe opción triunfal
ni tregua sin herida
ni abrigo al que acudir
cuando el frío te castiga

La sentencia proclamada
mil y un lágrimas prescritas,
la condena encadenada
a cada esquina en la que giras

Intentas cambiar el rumbo
y la vela esta torcida
no pretendas navegar
así en aguas desconocidas

Si hay un mapa en las estrellas
la brújula está vendida;
marcará con sus agujas
en la dirección prohibida.

La sentencia proclamada
mil y un lágrimas prescritas,
la condena encadenada
a cada esquina en la que giras

La cadena que te ahoga
puede ser la que otro ansía
dentro de este torbellino
que te arrastra sin medida.

El marco de la puerta
ha bloqueado la salida
Pone punto y final
a otra historia de una vida.