Miedo

24 Oct

Cuando se habla de miedo, de lo que nos asusta o nos da pavor, muchas veces no sabemos definirlo o darle nombre. Muchas personas tienen miedos irracionales, a objetos o acciones cotidianas.

Hoy ha vuelto a mí esa horrible sensación. Es un miedo compuesto, que lleva implícito demasiadas cosas. El miedo a la enfermedad.

Y es que, cuando LA ENFERMEDAD llega, da igual el instante del día que sea o lo que estés haciendo, nunca será un buen momento. Y es LA ENFERMEDAD, con mayúsculas, porque no es una gripe, ni una varicela, es, en los tiempos que corren, una de esas enfermedades que mucha gente supera pero que aún no se conocen bien y algunos se quedan por el camino.

Da igual a quién le llegue. El gesto ante la terrible noticia es el mismo. Lágrimas. Manos a la cabeza. Negaciones. Maldiciones. Preguntas retóricas.

Tal vez haya una ruleta, a la que jugamos todos día tras día, que determina este tipo de asuntos. No lo se.

Sólo se que hoy, a mi alrededor, había mucho miedo. Y lágrimas. Y maldiciones. Y preguntas retóricas.

En casa la noticia me ha pillado cansada, a mi madre en pijama y a tu tía fregando. A ti te ha tocado la peor parte. Tú ibas al médico porque te encontrabas mal y a tus veinte años, la vida te acaba de hacer un jaque mate en toda regla.

Pero no te vas a rendir. No, tú no y nosotros tampoco. Hoy ha sido un día duro, descuadrado, desdibujado por la lluvia deslizándose por los cristales. Lo jodido es que se avecinan días peores… Pero pasarán (ojalá pasen pronto).

Atontada de mí, yo llevo media tarde cantando un trozo de canción de un amigo: “No me acordaba que te llamabas/ como el primer rayo de sol”…

 

Para Alba, con toda la esperanza del mundo.

24/10/2013

 

De tiempo y olvido

30 Sep

Y decidí pasar y decidí dejarte

sin llegar a recordar

que aquello no era suficiente

para olvidarte.

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Ayer me bañé en el mar del olvido

y dejé atrás todos nuestro recuerdos;

¡maldita suerte la mía!, Que al salir,

me cayó una lluvia de lamentos

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Quiero parar el tiempo

y no tengo reloj.

Me pierdo en la tristeza

de un último adiós.

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Un “bacio lento”, 

Mientras me besabas

eso ibas cavando en mí.

Un vacío lento.

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Voluntades

18 Ago

La espiral se hacía cada vez más estrecha y la posibilidad de cambiar el patrón, de salir de allí, era menor.

-No me gusta dar vueltas-.

– Te entiendo bien, pero de momento no tenemos más opciones-.

Que fuese la imagen del espejo la que le devolvía la respuesta tampoco era demasiado alentador.

– Me estoy empezando a marear… Si me caigo dudo que pueda volver a levantarme. No tengo fuerza más allá de continuar con este movimiento que ya realizo por inercia…-

– Resiste-.

– No sé si quiero-.

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A veces

13 Jun

A veces lo echo en falta. En días como hoy, por ejemplo. Cuando empiezo a pensar que esperar cuando no hay esperanzas no sirve para nada. Cuando tus comentarios sobre mi ropa se los lleva el vaivén formado por uno de mis pestañeos.
Y aún no he descubierto cómo dejar de añorarlo. Es más, creo que incluso, en ocasiones hasta lo ansío.
Tengo que encontrar la forma de darle la vuelta a tantas cosas… Me falta imaginación, tiempo, fuerzas, ganas. Al menos he conseguido controlar en parte mi llanto. Pensándolo mejor, he conseguido controlar mi respuesta fisiológica de la secreción de líquido por el lacrimal. Pero yo se que aunque nadie lo vea, a pesar de que no hay respuesta física y tangible, yo sigo llorando.
Duele. Pero aparentemente tengo todo aquello que pedí en el brindis de año nuevo… Salud, dinero y amor. Y esto no entra en ninguna de las categorías. La ambición tiene una categoría propia.
“Niña, no se llora; no te amargues”. Ya podían ser hechizos las palabras que me dirigen. Ya podrían cumplirse para arropar así mi tempestad interna. Pero la frase de marras me sabe a cáscara de limón y por mucho que quiera no soy capaz de reconducir el gesto para esbozar una sonrisa – esa que tanto me reprocha la gente cuando soy capaz de mostrarla aún previendo la que se me viene encima-.
A veces lo echo en falta. En días como hoy, por ejemplo. Echo en falta que me hagas reír, parar el tiempo en el espacio. Echo de menos los días en los que el sol tiene sentido. Echo de menos ser quien nunca he sido.
Algún día podré volar lejos y ya no necesitaré tu abrigo.
Tal vez.

Okaerinasai‏

26 Abr

Hace mucho tiempo me escribiste que Okaerinasai‏ era algo así como “bienvenido” en japonés. Resulta curioso leerlo ahora, dejar que se cuele en mis recuerdos y en mi memoria.
Las cosas escritas tienen el poder de reaparecer y me pregunto, aquí y ahora, si las cosas podrían haber sido distintas para nosotros. También me pregunto si al salir debí haberte dejado “atada en corto” –más que nada por si algún día como hoy, me daba por quererte de vuelta-.
El tiempo pasado es mentira. Pero cuando leo aquellas cartas que nos escribíamos, cuando recuerdo que lo que sentía por ti era verdadero y me doy cuenta de que ya no es nada, duele de verdad.
Hay heridas que tardan en cicatrizar y otras que no desaparecen nunca. Cicatrizan pero dejan huella, se quedan tatuadas en nuestra memoria, en nuestra piel, en nuestra rutina.
La herida que se abrió para dejarte vía libre hacia el olvido la curé con mucho cuidado… Probé con todo, incluso cambiar de ambiente y de compañías; ingenuo de mí, creí que serviría. Pero de nada sirve todo ese esfuerzo en los momentos en los que reaparece tu recordatorio y me doy cuenta de lo tarde que se nos ha hecho, de lo profunda que fue la brecha.
Hay cosas que no se pueden cambiar, que un día cogen un rumbo y al perder el timón quedan a la merced de la casualidad y la causalidad.
Y en medio de esta vorágine que me azota sin piedad, sólo me queda pensar en un “Itte rasshai” como despedida, dejando la puerta abierta, por si algún día decides regresar.

Sentencia proclamada

16 Abr

El marco de la puerta
ha bloqueado la salida
y deja traspapelada
otra estancia de mi vida

No existe opción triunfal
ni tregua sin herida
ni abrigo al que acudir
cuando el frío te castiga

La sentencia proclamada
mil y un lágrimas prescritas,
la condena encadenada
a cada esquina en la que giras

Intentas cambiar el rumbo
y la vela esta torcida
no pretendas navegar
así en aguas desconocidas

Si hay un mapa en las estrellas
la brújula está vendida;
marcará con sus agujas
en la dirección prohibida.

La sentencia proclamada
mil y un lágrimas prescritas,
la condena encadenada
a cada esquina en la que giras

La cadena que te ahoga
puede ser la que otro ansía
dentro de este torbellino
que te arrastra sin medida.

El marco de la puerta
ha bloqueado la salida
Pone punto y final
a otra historia de una vida.

Perdue

21 Mar

No se puede vencer en todo, dicen.

Me pregunto en qué vencí yo.

 

He tropezado mil veces

antes de levantar

ando despacio y miro al suelo

por lo que pueda ir mal

 

No se en qué momento

Se decide para quién brilla el sol

En mi frontera nadie espera

Se desdibuja el color

 

Aún así hay gente que cree

que se puede cambiar de condición.

 

No se puede vencer en todo, dicen.

Me pregunto en qué vencí yo.