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A veces me pregunto

29 Abr

A veces me pregunto si sería mucho

Pedir que coincida

Lo que pienso y lo que hago

Lo que sueño y lo que pasa

 

A veces me pregunto si sería mucho

Pedir ser distinta

Y guardarme en el silencio

De las palabras vacías

 

Mantenerme impasible

Ante el viento huracanado

Que me agita y me altera

Cuando no estás a mi lado

 

A veces me pregunto si esperarte

Siempre es lo que me incita

A perderte todo el tiempo

Al doblar de las esquinas

 

A veces me pregunto si seré capaz

De maquillar mis heridas

Cuando rompe en mí la angustia

Y la duda me lastima

 

Cerrar fuerte los ojos

Mirar sólo hacia mí misma

Ignorar lo que siento

Rescatar mis alegrías

 

A veces me pregunto si sería mucho

Pedir ser distinta

Y guardarme en el silencio

De las palabras vacías

 

Y al preguntar demasiado

Ya perdí el significado

Y el valor de la poesía

Creada en mil fantasías

Que soñé.

 

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La inutilidad de un beso

28 Nov

Llegó el momento de la despedida.

Tras largas miradas y un silencio envolvente, Ana empezó a inquietarse.

Y empezó a pensar:

–  ¿Qué hago?, ¿Ahora qué hago?, ¿Qué va a pasar?, ¿Qué digo? No, mejor no decir nada pero, ¿cómo me comporto? ¿Le gusto? Porque él a mí sí que me gusta… ¿Qué hago?-

Volvieron a retomar la conversación y Ana sonreía empática, de forma automatizada porque no podía frenar aquellas ideas que revoloteaban en su cabeza como una bandada de pájaros asustados, sin saber qué rumbo seguir. A duras penas seguía el discurso de Miguel, estaba hipnotizada con sus ojos y le costaba controlar sus sentimientos.

–    Podría besarle. Tal vez es una buena idea aunque, podría alarmarse; pensar que soy una cualquiera que va buscando algo fácil o una “loca de la cabeza” que en cuanto conoce a un chico ya se imagina cómo sería su futuro con él… Va, Ana, se sincera contigo misma, ya te has imaginado cómo sería tu futuro con él… ¡Pero sólo por entretenerme! Mira, no estoy segura.

¡Maldito amor romántico! ¡Maldigo el momento en el que se instaló esa idea en mi cabeza y maldigo la cantidad de años que llevo siendo su esclava! –

Pero es que no se ser de otro modo…

Miguel empezó a darse cuenta de que a Ana le pasaba algo. Ana, acostumbrada a salir de sus ensimismamientos de forma rápida exitosamente retomó las últimas frases que había escuchado para continuar la conversación.

Pasaron varios minutos conversando y Ana advirtió que, de nuevo, el silencio estaba al caer.

–   ¿Para qué le voy a besar?  No va a servir para nada. ¡Imagínate que no es lo que quiere! ¡Imagínate que no le gusto! Mejor dejarlo estar total, sólo es un beso. Puff, me siento como una quinceañera…-

Ana cortó el silencio y forzó un  poco la despedida. Miguel, complaciente le dio las buenas noches y se marchó.

Y al entrar en casa y cerrar la puerta Ana se quedó pensando en la posibilidad de aquel beso. En la inutilidad de un beso pensado, perdido y jamás robado.