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Sancarlos (o la historia de cómo cambió mi forma de verte)

27 May

En esta vida, hay cosas que hacen que tu forma de ver al resto cambien.

Esta es la historia de cómo cambió mi forma de verte.

Me conoces desde que nací y evidentemente, yo te conozco desde entonces. Lo que desconocía hasta hace apenas una semana era quién fuiste antes.

Yo me iba de tu casa y tu mujer me preguntó dónde iba. Supongo que no debí poner muy buena cara cuando indiqué que iba al cementerio: – Voy a ver a los abuelos-. Entonces tú dijiste que me acompañabas y a pesar de mi empeño,- No hace falta, de verdad-, viniste conmigo.

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Esta es la pequeña y humilde historia del hombre que acompaña el prefijo “Santa” a mi nombre cada vez que lo nombra  porque cuando yo era una criaja, creyendo que decía bien su nombre, le llamaba “Sancarlos”.

Aquel día, mientras paseábamos me contaste una historia. La historia de tu vocación.

Tú querías enseñar. Hiciste magisterio y allí conociste a los amores de tu vida: la enseñanza y tu mujer.

Después de años de noviazgo, al finalizar los estudios, fuera como fuese tocaba hacer lo que, en aquel entonces, mandaban los cánones.

Y aquí se te presentó una de las decisiones más difíciles de tu vida… Elegir entre tus dos amores. Porque lo que mucha gente no sabía es que a ti te apasionaba y te apasiona educar. Te hubieses lanzado al monte con todas esas ganas de enseñar, de transmitir conocimiento y de aprender a buscar a pastores para leerles cuentos con moraleja, perdidos en el campo, entre ovejas, cabras, vacas… A cambio de nada, de un trozo de pan, de un vaso de leche. Tu entusiasmo te alimentaría más que la comida.

Pero tenías una decisión por delante y tú querías formar una familia.

Así aparcaste parte de tus sueños en algún lugar no muy lejano y te enfundaste en aquel traje para caminar hacia el altar. Con una sonrisa en los labios porque, a pesar de todo, eso también lo querías.

Y lo más sorprendente es que aprendiste a no pensar más en aquel “y si…” y seguiste adelante para poderle dar un hogar y todo lo necesario a tu esposa y a tus tres maravillosas hijas, cada cual más distinta a la anterior.

Pero nunca olvidarás y no dejarás que pase… Tus ideas sobre la enseñanza, esas que se encuentran en libros en forma de palabras bajo la firma de otros que se llevan una fama que muchas veces no les corresponde, esas siempre están ahí.

Puedo afirmar que cuanto más conozco de ti, más te quiero. Me siento afortunada de tenerte en mi vida y de compartir nuestro tiempo. Aunque no sea mucho. Aunque a día de hoy estemos lejos. Porque nunca sobran los ejemplos en tiempos difíciles, porque esas ejemplos nos dan valor y nos alientan para seguir sin mirar atrás, llamando a los demás por el nombre que se han ganado.

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